miércoles 1 de febrero de 2012

Desde tus poros


Abro lentamente la clavícula
deslizo melosamente el pedazo mordáz
la lengua se agita incesante
la marea fluye en cada recoveco
sus cabellos ondulados de algas
hacen el cosquilleo inconmensurable
marea...oleada..
relámpagos de gemidos agónicos
mientras su cuerpo se desfibrila
tiembla... se estremece y tirita
bajo cada sudor encarcelado
somos dos lunas danzando en torrentes
sehojando cada pétalo
cada enmarañada aurora boreal
las ansias de desdibujan
la lengua jugueta con el objeto del deseo
un arete en el pezón se encripta en el diente
baja la montaña acuosa e hilarante
contiene, araña y arremete
mar bravío se convulsiona
ahogado palpitar desenfrenado
mientras va jugando con mis corales
vacío... abismo... el todo y la nada
la vida y la muerte
segundos de agonía...
y el clímax se hace carne de nuestras almas
que comienzan poco a poco a acercarse
en una fusión enloquecida e inquietante..

viernes 9 de diciembre de 2011

Entrega



Una a una



las caricias buscaban su inagotable sello



los dolores iban quedando atrás...



lentamente las bocas se unían



para fundirse en una sola oleada



las pieles galopaban enloquecidas



rasgaban el espacio delirante



piel entre piel



nudo tras nudo



ardoroso segundo febril



los vientres zigzagueantes



los cabellos alborotados



las uñas en la carne



el rapto de locura insondable



marea... marea



sueño de amor eterno



encabritada ante tu piel



acunada en tu garganta



cubierta por tus montes



recorrida por tu torbellino



amada... amada...



enloquecida



desfallecida de tanto amarte



enternecida de tanto añorarte



segundo a segundo



mi sueño profundo



mi amor inextingible



mi mujer de quimera



mi amante guerrera



mi paz, mi compañera



mi océana de furia



mar bravío y tumultuoso



a tí conjurto mis labios



y mi ser encadenado



al brioso corazón



que bate esta barcarola



que se mece con pasión



que se ensancha de tu amor



que se pierde en tu ardor



que se inmola en tu candor



para ser una en el viento



y ser un río violento



que cura todo tormento



jueves 13 de octubre de 2011

Agonía



Estoy en tus adentros



te convulsionas vehemente



la carne y los dedos



la voluptosidad de la curva






Muerde el lóbulo izquierdo



araña cada sección de homóplato



rodea con tu lengua el hombro inquieto






al borde... al borde...






abre tu boca



deja que tu lengua baile en la mía



sudores....






Las pieles inquietas jadean



gime tu cuello enardecido



entra...surca...ronda...






Hurga en mis concavidades



tus montes me invitan



aceleras cada pulsación



espasmo..espasmo...






y suspiros agónicos



centellean la tarde

miércoles 12 de octubre de 2011

Abárcame....




En tus brazos de algas




en la piel de tu piel




en la hebra que danza




en la noche que acaba




en el grito mudo




en la garganta anidada




en la locura palpable




en el delirio de tus labios...




Abárcame








Entre los murmullos




entre tu ropa




entre tu vientre




entre los jadeos




entre los gemidos




entre los recovecos del deseo




Abárcame








En las grietas del recuerdo




en las lágrimas del silencio




en la añoranza de la lejanía




en el abrazo extinguido




entre los ventanales lluviosos




en tu mirada en mis pupilas




Abárcame








En ese prolongado suspiro




que suelta tu boca




al quebrarse en mi cuerpo




estremecida por mi aliento




confundida entre mis cabellos




refugiada en mi vientre




en mis montes y valles




entre los poros erectos




entre sudores amantes




entre los devaneos




Abárcame...




contiéneme...




ámame....








martes 13 de septiembre de 2011

Entre Debussi y los pinceles tardíos



El silencio se agrieta entre las sombras



las oquedades taciturnas envuelven la estancia



camino entre senderos boscosos inciertos



no... las pisadas del olvido mueren...






ausencia...






el viento silabea aquel nombre que palpita






añoranza...






la imposibilidad de correr a ciegas entre el gentío



el poema difuminándose entre cada trazo de este papel borroro



la figura silente de un sueño irreal



el corazón desgarrado huye en fuga



la melodía del infortunio se acompasa con las lágrimas rotas



el piano remece cada nota...



se desdibujan los contornos de una tarde gris






perdida...






el humo del último cigarrillo en la penumbra



y los acordes siguen galopantes



a través de páramos desolados



si.. he dejado el pincel a medio trazar



la pluma ha rasgado cada grieta..



la verdad aflora irremediable



.... la batalla se ha librado...






la quimera se desvanece entre los dedos



despierta de un sueño fantaseoso



que se escurre entre las notas



de la sinfonía inconclusa e imposible....



viernes 19 de agosto de 2011

Más de treinta… no está mal.. (De Cronicas..)



Aburrida de largas noches de insomnio, de los fines de semana relegada al trabajo, me decidí a salir del escondite hogareño e ir a algún sitio, no tan bullicioso…
Llamé a las chicas, como de costumbre, para hacer el panorama, de vuelta de los días de asceta, me acompañaron a un pub viñamarino, por cierto, un antro para maricas con una billetera enorme, pero al fin y al cabo un lugar de buen estilo.
Charlamos de sus vidas de pareja, los infaltables lesbian dramas, de lo horroroso que había sido para mí asumir la treintena… edad macabra que te coloca en el umbral de: “oye, ya eres una tipa mayor para…” y refranes por el estilo… puesto que mi vida sexual había decaído en este último tiempo.
Lo cierto es que allí estaba yo, entre copas de un maravilloso elixir rosado, que me llevaban al hermoso mundo de la embriaguez, hasta que fui a comprar cigarrillos, y justo cuando pensaba en acabarme la última copa e irme a soñar con una maravillosa damisela inexistente, apareció esta ensoñación veinteañera, riendo a carcajadas en una mesa contigua a la barra. Su mirada chocó con la mía, que culposa de admirar tan bella fisonomía, bajó la vista. Pagué los cigarrillos y me disponía a volver a la mesa del fondo, junto a mis amigas, cuando ella me cortó el paso y me preguntó donde se hallaba el baño. Creyendo que solo ese era el objetivo de su conversación, le indiqué el lugar y, para mi sorpresa, me solicitó que la acompañase.
Era una chica morena, de silueta delgada, cabello largo y liso negro, al igual que sus profundos ojos, usaba jeans y una camisa blanca, arremangada, que la hacían ver hermosamente juvenil. Si, debía ser universitaria, por el estilo y los muchachos de la mesa donde estaba.
Me sonrió y la dejé en la puerta del baño, ella había llevado su copa, me la pasó y me dijo que se la tuviese mientras entraba. Luego de unos minutos salió y me dijo que donde yo estaba, le dije que en la mesa del fondo, con unas amigas. Me contó que estaba con sus compañeros de carrera, que cursaba segundo en la universidad, que estudiaba diseño gráfico. Por supuesto, la escuchaba embobada por sus coquetos ademanes y su bella sonrisa.
Me preguntó qué hacía, le respondí cosas vagas, aunque no intenté disimular la edad, que a estas alturas ya me habría delatado. Me dijo, sonrojada, que tenía 23 años y yo me sonreí, cuando me preguntó lo inevitable, yo me sonreí nuevamente, y le dije que unos cuantos más que ella. Se rió, y me dijo que no me sintiera mal por ello, que más de 28 no tenía, me largué a reír y le respondí que era el piropo más halagador que había recibido.
Me invitó a sentarme en otra mesa, en el sillón de otra esquina del pub, las amigas le hicieron señas, riéndose y la instaban a que me llevase a otro sitio más alejado. Me miró seductoramente y me invitó a la planta baja del local, un lugar más íntimo, con velas y sillones espectaculares.
Nos sentamos y pedimos otra copa.
Me acerqué un poco y le dije que en realidad tenía un poco más de treinta, “más de treinta… no está mal” y se rió como una niña traviesa.
Yo no podía dar crédito a lo que sucedía, estaba encantada con su charla, conversamos de variados temas, de pinturas, música y libros. Le conté de mi oficio y de algunas publicaciones, entonces se rió aun más, me tomó la mano, se acercó a mi oído y me reveló que ella había sido alumna mía en un taller literario, hace unos cuatro años y que siempre había deseado compartir así, conmigo.
- Entonces, señorita profesora, no me dirá usted cuál es su secreto más perverso
- Por supuesto que no te lo diría…
- Ni aunque estuviese bajo tortura?
- Y… cuál tortura pudiese ser ….
En ese momento, dejó la copa en la mesa, me quitó la copa de mi mano y la dejó ahí también, apartó la mesita de en medio y me miró fijamente, intentaba no temblar…sabía que no podría detenerlo… luego susurró:
- Quiere usted saber a qué me refiero?
La distancia ya había sido invadida, no podía deshacerlo, la tomé de la cintura y la besé dando rienda suelta a todo el deseo encajonado en mis adentros… sus labios tan dulces, su fragancia embrutecedora, su talle, su estampa, su belleza… ella me rodeó con sus brazos delicados y se sentó en mis piernas, jugó con mis orejas y mi cuello, buscaba mi deseo..sentía yo el suyo… le decía entre besos que se detuviera, que no iba a hacer una locura allí, en ese lugar. Ella, sin desenfado me dijo “y por qué no?” la miré incrédula, se rió “claro que acá no..boba”. Me miró radiante, triunfal, sabía que ya era presa del deseo, de su tentadora invitación….
Charlamos otro poco, después de tan ardiente interludio, se acomodó la ropa, nos bebimos el resto de lo que quedaba y subimos, me presentó a sus amistades y cuando ellos se levantaron pidiendo la cuenta, ella me miró fijo, seriamente y me dijo: “vienes?” era toda una locura, ese “vienes” resonaba en mi cabeza como martillo, vienes…y con todo lo que ello implicaba, le dije que iría por mis cosas y algo le dijo en el oído a su amiga y me agarró del brazo, les di unas disculpas apuradas a las chicas, que ya habían entendido, me pasaron mis cosas y me dijeron que me cuidara y que no hiciera locuras, me reí y me fui con la chica.
Salimos a la calle, no sentí frío, serían como las dos de la mañana. Le dije que dónde íbamos y si tomaríamos un taxi. Se volvió a reír y me dijo que si yo sabía conducir, le dije que no y me dijo que me pusiera a rezar entonces, me reí muchísimo y vi con asombro que sacaba las llaves de un auto, me dijo: “sube, si sé conducir, no te preocupes”. Era un bello Opel Plomo, dos amigas fueron atrás. Las fue a dejar a sus casas, las chicas vivían en Reñaca, en un lugar que presumía de costoso. Luego enfilamos hacia la costa y se detuvo en un mirador. Le dije, con aire de sermón que no debía conducir con alcohol.
- No seas cursi, bebo lo necesario y nunca me ha ocurrido nada, soy despierta en ello. Ven…
Olvidé todo, hasta mi nombre, entre esos brazos… salimos del auto, me abrazó por la cintura y me dijo que sentía una extraña conexión conmigo, una extraña seguridad. “No te asustes” me dijo, no voy a cazarte, y se echó a reír de esa forma que me enloquecía, “pequeña…pequeña..ven acá” le decía entre besos locos y temerosos de algún ojo escrutador escondido por ahí.
Le dije que nos fuéramos, que era peligroso y me reprochó seductoramente, nos subimos al auto y fuimos a su apartamento. Vivía con una compañera de universidad, pasamos en silencio, era un bonito lugar de Recreo, con vista al mar. Estuvimos en la terraza, besándonos unos minutos más, le dije si estaba segura de lo que hacía y me calló con un ardoroso beso y me llevó a su cuarto.
Las ropas caían suavemente, ahhh su piel delicada se dejaba entrever a ratos… sus gemidos entrecortados me incitaban, me ensordecían, en silencio, me recostó en su cama, quitó las últimas prendas, estaba sonrojándome más y más, cuando iba a meterme entre las sábanas me lo negó. Quiero verte, quiero sentirte, admirarte toda…. En ese momento me sentí morir, no podía ser que de sus labios saliesen esas palabras, le susurré que era hermosa, me respondió que lo mismo decía de mi… nos recorrimos como si fuese el último día de nuestras vidas… besando cada espacio, cada poro…hasta quedar sin aliento… con frenesí se buscaron nuestros cuerpos, me hizo suya hasta arrancarme cada gemido intenso de agonía, la hice mía hasta borrar cada huella de sus ayeres, hasta el último gemido que exhaló su boca… hasta el último segundo infinitesimal de nuestras muertes… y renacimos una…y otra…y otra vez…. Hurgó en mis adentros y sus concavidades, hice mío cada rincón de su exquisita esencia, ella….yo….ambas oleadas arremetidas al unísono…en cada sonido de la rompiente, en cada estruendo sobre las rocas enfurecidas….Hasta caer, desfallecidas, una sobre la otra, abrazándonos cómplices, amantes y dichosas.
El alba hizo su entrada, miré la cama, yo en ella, a mi lado estaba mi ensoñación, no, no era ensoñación, no era espejismo, estaba allí, aun dormida, abrazándome, aferrada a mi cintura.
Me acerqué, lentamente a oler sus cabellos, y abrió sus ojitos aun adormilados, me besó ardorosamente, luego se tapó: Uy, qué hemos hecho anoche, malvada tú que te metiste a mi dormitorio….” Pequeña traviesa…ven acá… y nos besábamos como adolescentes. Te quedas a desayunar? No puedo, pequeña, debo ordenar algunas cosas para mi trabajo…. No me digas pequeña….. Y ya me lanzaba nuevamente a las benditas sábanas portadoras de nuestro hermoso secreto.
Aun recuerdo su mirada tras el ventanal, nos seguimos viendo un par de veces, pero no podía encarcelarla en algo estable, tenía que vivir muchas cosas antes, debía conocer el mundo y disfrutar la vida, tal como yo la había gozado y seguiría gozándola. Aceptó nuestra despedida, me mandó e- mails por un tiempo, hasta que supe que estaba con una chica en una relación seria.
Aún sigo agradeciéndole que me haya devuelto la alegría de no sentir que es un problema pasar de los treinta…. Gozando, amando….y amando….y amando….

jueves 5 de mayo de 2011

Locura viajera




Hubo un tiempo en que pensé que la determinación no bastaba para iniciar un viaje hacia la locura…
Recuerdo esos días como si fuesen hoy, aún entre las sábanas que albergaron su piel, aún en el perfume que dejó…
Entablamos diálogo y una amistad profusa, de lejos…muy muy lejos, no pensaría jamás que tomaría la determinación de subirse a un avión y hacer el sueño posible, real.
La magia se inició cuando pisó el aeropuerto y nos encontraos en aquel lugar marcado por ambas.
Acababa hace un tiempo de divorciarse de un cancerbero de sus ilusiones y por fin iba al encuentro de un delirio prohibido.
Las cadencias caribeñas comenzaron a sonar y el encuentro de nuestras pieles fue todo uno…
Recuerdos…recuerdos… se aparece en mi mente su vientre, delicado, sus profusos labios carnosos, sus ágiles piernas de seda, gemidos…gemidos…. Sudor entre sudor y las sábanas que nos refugiaban en esa madrugada enloquecida.
Sabíamos que era imposible, que habría sólo esa oportunidad para desatar esa pasión febril castigada por la distancia.
Nuestras ansias pudieron más, y los mares profundos se elevaron hasta romperse tras las rocas… nuestros cabellos se fundieron al igual que nuestras bocas, al unísono sentíamos a cada minuto, como el palpitar del corazón se encabritaba…
Las horas raudas galopaban, había que aprovechar cada segundo… los días se sucedieron entre risas, fuego y pasión… era su primera vez en el mundo sáfico y debía ser la sacerdotisa que la iniciara en los recorridos del placer dionisíaco venusiano.
Las velas se consumaban al igual que nuestro idilio secreto… albergábamos en nuestra esencia el sabor dulce de ambrosías impensadas, marea…marea….
Cada explosión de la carne, cada arrebato, tornamos en borrasca, cada suspiro exhaló la garganta, hasta morir en hartazgo y dicha.
Fuimos ninfas amantes tras la luna, fuimos sangre y lujuria, fuimos nido y fragilidad, locura e intensidad… fuimos..fuimos…
Hasta llegar a la temible partida, cuando sus ojos nublados de llanto eternizaban ese lánguido adiós…. Al dejar mi piel aun encendida de su calor, aun poseída de su fuego… hasta guardar cada lágrima que lanzó sobre mi vientre… adiós…. Le gritaban de igual modo mi silencio y la mirada agónica….
La vi desaparecer lentamente, hasta esfumarse en la carretera, rumbo al aeropuerto que la llevaría a ese pueblo montañoso …volaría sobre los mares de este largo y delgado terruño hasta posarse en su morada… para luego sentarse en el quicio de su ventana, suspirar, profundamente, añorar y recordar…recordar… y atesorar ese amor nacido entre montañas y mares distantes…. Tras una locura viajera, inolvidable.